En este sistema autonómico que tenemos, debemos aprender la diferencia que hay entre “pedir” y “exigir”. Algunas autonomías tienen el suficiente peso político como para reclamar Gobierno Central todo tipo de privilegios, mientras que otras tan solo pueden suplicar atención para mantener sus necesidades básicas. Esto último, es lo que sucede con Extremadura.

Si echamos un vistazo al mapa nacional de infraestructuras ferroviarias, podremos observar como la red de trenes se extiende por toda España; sin embargo, existe una excepción aislada al suroeste del país que se llama Extremadura donde esa RED no ha llegado aún. Parece como si evitara el territorio extremeño.

Esa observación inicial se torna más grave cuando profundizamos un poco más y nos enteramos de que en la región no existe ni un sólo metro de vía electrificada cuando somos de la segunda Comunidad Autónoma que más electricidad produce; o que algunas vías de las que todavía están en uso  datan del siglo XIX; o que no existe una red de cercanías para que los ciudadanos puedan desplazarse de unas localidades a otras, esto ha hecho que en Extremadura tengamos que asumir el coste de tener un coche, más aún las personas de áreas rurales.

Extremadura lidera el desempleo en España, la industria es prácticamente inexistente y ante las escasas expectativas laborales, la sangría migratoria entre la juventud es cada vez mayor.

Cuando se planteó en Europa realizar el trazado del corredor de mercancías que cruzaría la península, existían dos opciones, el llamado Eje 16, que conectaba el puerto de Sines (Portugal) y que atravesaba España pasando por Extremadura; o el Corredor Mediterráneo que entraba por Algeciras y circulaba por el Levante y Cataluña. La decisión del Gobierno de España fue la cesión de privilegios al levante, por su mayor peso político. Por otra parte, se optó por suprimir el programa “Eje-16-corredor trasatlántico”, condenando a Extremadura a una desertización logística y económica.

Cuando Extremadura empezó a despuntar en la fabricación de cava, el gobierno central decidió impedir que la región dedicara más hectáreas a esta producción, influidos por el enfoque proteccionista del consejo regulador, que casualmente también está en manos de bodegueros catalanes.

Si a todos estos ejemplos obstruccionistas por parte de los gobiernos centrales le sumamos la típica resignación y mansedumbre del pueblo extremeño, tenemos un panorama desalentador y una región que sólo es rica en promesas. Promesas que luego incumplen y rompen sistemáticamente los diferentes gobiernos de España.

ISMAEL GARCIA LOPEZ

Vicesecretario General de Extremadura Unida

Partido Regionalista

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